“Hay Patria”: jornada de Democracia Directa honra también el legado de Benjamín Zeledón

La Copresidenta de Nicaragua, compañera Rosario Murillo, destacó la jornada de este fin de semana como parte de la Consulta de Democracia Directa “Hay Patria” y rindió homenaje al General Benjamín Zeledón, resaltando su legado histórico y la importancia de mantener viva su inspiración en las familias nicaragüenses.

«Celebramos este fin de semana un capítulo más de nuestra magnífica Consulta de Democracia Directa, de Soberanía, porque Hay Patria», manifestó la Compañera Rosario Murillo. 

Destacó que «estamos honrando con todos sus merecimientos al General Benjamín Zeledón, maestro de maestros en La Concordia, en El Coyotepe y en tantos sitios de veneración. Los hogares y familias nicaragüenses jamás olvidaremos la fortaleza de su inspiración y ejemplo». 

La Copresidenta de la República enfatizó que «jamás olvidaremos su vida que fluye en nuestras venas y habla con la voz del infinito. Todos somos Zeledón. Es el alma nicaragüense la que participa, la que es parte, arte y parte, en tantos eventos internacionales de promoción de los derechos y de la vida mejor, la vida segura, estable y tranquila».

Indicó que «la vida, más allá de la pobreza, que todos queremos para avanzar, para crecer, para seguir creciendo, para seguir aprendiendo, para seguir siendo los elocuentes y dignos hijos de Dios, los legítimos hijos de Dios y de los grandes poderes espirituales que nos legaron, José Dolores, Andrés, los Indios Flecheros, Zeledón, Sandino, Carlos, Tomás, cuyo ardiente valor seguimos desatando con Daniel, el Pueblo Presidente y el Frente Sandinista de Liberación Nacional». 

La Compañera Rosario Murillo dio lectura a las estrofas del poema Salutación del optimista del Poeta y escritor nicaragüense, Rubén Darío:

Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte;
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña
y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismática, pura, riente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!

Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba
o a perpetuo presidio, condenasteis al noble entusiasmo,
ya veréis el salir del sol en un triunfo de liras.

La Copresidenta de Nicaragua se preguntó «¿Cómo saluda nuestro Rubén el optimismo? Es la salutación del optimismo. Rubén nuestro, así es, la divina reina de luz que es la celeste esperanza, crece y se expande por toda la patria buena, tu patria Rubén«.

Abominad la boca que predice desgracias eternas,
abominad los ojos que ven sólo zodiacos funestos,
abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres,
o que la tea empuñan o la daga suicida.
Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo,
la inminencia de algo fatal hoy conmueve la Tierra;
fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas,
y algo se inicia como vasto social cataclismo
sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas
no despierten entonces en el tronco del roble gigante.

Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente
que regará lenguas de fuego en esa epifanía.
Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros
y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora,
así los manes heroicos de los primitivos abuelos,
de los egregios padres que abrieron el surco prístino,
sientan los soplos agrarios de primaverales retornos
y el rumor de espigas que inició la labor triptolémica.

Un continente y otro renovando las viejas prosapias,
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.

La latina estirpe verá la gran alba futura,
en un trueno de música gloriosa, millones de labios
saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente,
Oriente augusto en donde todo lo cambia y renueva
la eternidad de Dios, la actividad infinita.
Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros,
¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!

Al finalizar, dijo que el «maestro Rubén, la verdad que es que entre las infinitas complejidades, dificultades e incertidumbres que vivimos como familia humana, se alza erguida y desafiante la esperanza, sabemos que la iluminación, la inteligencia, la sabiduría llegarán para bien de todos y que frente a tantos caminos, recovecos, encrucijadas, encuentros y desencuentros, aciertos y desaciertos, no hay otra solución para la vida que la Paz».

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