¡NICARAGUA VIVE!… ES HIJA SOBERANA DEL SOL…

Por: Francisco Javier Bautista Lara

Sandino nos encargó: “hagan la paz sobre cimientos de decoro y honor”.

Salvador Calderón Ramírez (1934).

Mientras en ciertas cúpulas de poder legislativo y burocráticas, irracionales y autoritarias, dominadas por mayorías anacrónicas en las que predomina una práctica neolonial e imperial, yanquista y eurocéntrica, a veces descarada y otras solapada, en donde se empecinan en “crear realidades” para propagarlas con virulenta e inescrupulosa barbarie e imponer, por miedo, amenaza, sanciones, intereses egoístas, manipulación o confusión, la tergiversación, escenarios virtuales y de ficción para denigrar y agredir a quienes no se alinean a sus designios y deciden emprender un camino auténtico de prosperidad, en la realidad cotidiana que tocamos, vemos, vivimos y sentimos, en la que existimos con dignidad y trabajamos con optimismo para superar nuestras dificultades y, como proclama en un verso de la Oda a Roosevelt el Prócer de la Independencia Cultural Rubén Darío, aquí, en Nicaragua siempre libre, brilla la esperanza: Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol.

Es, por autodeterminación inclaudicable, la hija soberana del sol, heredera de Diriangen y Sandino, que vive y avanza. Las caricaturas que repiten y repiten sin cesar, que etiquetan en los foros que dominan para estigmatizar y desacreditar con saña la identidad política, social y cultural de nuestro proceso de derecho, equidad y solidaridad, más temprano que tarde, se desvanecen. Lo que parece y venden como “verdad” afuera se disipa como una burda mentira frente a la realidad presente, tangible y cotidiana que habla con voz propia.

A veces, es lamentable, pero inevitable, que aquellos pregones de “mal agüero” son también contaminados por sumisas o temerosas adhesiones de alguna “izquierda” desubicada por liderazgos advenedizos que se alinean al agresor-usurpador para convertirse, contradictoriamente, en instrumento de injerencia, traicionando su posible esencia popular y perdiendo lo que alguna vez pudo ser. El guatemalteco Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de Literatura (1967) escribió: “El nombre de Sandino vuelve a desplegarse como una bandera en medio de la angustia de los pueblos, la desorientación de los dirigentes sin ojos hacia el pasado y la complicidad de cuantos entre nosotros se equivocan a sabiendas o por encargo” (1958).

Los diseñadores y articuladores de intromisión y descalificación injerencista, sus adeptos y poleas de transmisión, pretenden mentir para agredir y bloquear, para aislar y ahogar, para doblegar y usurpar, para imponerse y preservar el dominio y expansión colonial-imperial.

  1. Salud pública solidaria

Mientras allá, “se entretejen naderías” sesgadas, inexistentes y dañinas, aquí el país supera, desde sus propias condiciones, con su modelo de salud comunitario, solidario y preventivo, la incierta pandemia del Covid 19 que comienza a desvanecerse y que llevó, a la mayoría de países, según su propia decisión (a veces arrastrados por presiones, intereses, desconocimiento, pánico, desinformación o manipulación), incluso a las auto llamadas “democracias burguesas” y a los eslabones decadentes del “capitalismo salvaje”, a imponer estados de excepción, a la militarización oportunista de los núcleos urbanos y al férreo control policial de la movilidad humana, a confinamientos y ciudades enclaustradas impedidas de desarrollar la actividad económica, social, cultural y cotidiana de sus habitantes, comunidades encerradas y aisladas por periodos indefinidos, agravando complicaciones emocionales y sociales, generando o descuidando otros riesgos de salud pública, agudizando la exclusión socioeconómica, profundizando la miseria, la desocupación y la desigualdad, estancando el porvenir, proscribiendo la libertad e imponiendo con irracionalidad el miedo frente a un inestable fenómeno sanitario que requiere información balanceada, serenidad científica, sensibilidad humana, actuación responsable, solidaridad internacional, institucional y social. Nicaragua ha sido durante estos dos años, -lo demuestran los resultados y la evolución global de los acontecimientos-, un ejemplo inteligente e incuestionable de cómo se pueden enfrentar los problemas con una visión distinta, con solidaridad humana y cristiana, actitud esperanzadora y profundo sentido de responsabilidad colectiva para que, desde nuestra realidad, “la cura no sea más grave que la enfermedad”.

  • Exitosa seguridad ciudadana y convivencia en paz

Los ciudadanos convivimos en un contexto de privilegiadas condiciones de seguridad, ha sido este un capital histórico que se consolida. El país tiene el más bajo nivel de violencia delictiva de Centroamérica, el 2021 cerró con una tasa de homicidios de 7 x 100 mil habitantes (453 casos), -la media regional fue 18.4-, siendo las menores, después del favorable y sostenido resultado de Nicaragua, Costa Rica y Panamá con tasas de 11 y 13 respectivamente.

En las calles nicaragüenses, más iluminadas y limpias, se camina con libertad y seguridad, los parques, plazas y bulevares en las tardes se llenan de gente que deambulan en la algarabía cotidiana, en las carreteras que se modernizan y amplían fluye el tráfico vehicular creciente, muchos concurren desde temprano a ofrecer sus productos del campo y a emprender con creatividad laboriosa para ganar el sustento diario… Prevalece en la cultura popular la hospitalidad, la solidaridad, el vínculo comunitario sencillo y habitual, la manera coloquial y particular de disfrutar la vida, de bromear, reírse y compartir a pesar de las adversidades, de apreciar el paisaje, de respirar el aire fresco y cálido de la temporada y la lluvia que irriga con generosidad los campos fértiles, disfrutar el colorido de la naturaleza abundante que nos rodea… Aquí prevalece una nación tropical de ciudadanos, con diferencias y caminos particulares pero juntos por la nacionalidad, la dignidad y la soberanía, herederos de la historia que no podemos olvidar y comprometidos frente a las dificultades y retos, de éxitos y esperanzas, cuidando nuestro presente y futuro con los instrumentos jurídicos, institucionales y políticos para preservar el patrimonio colectivo de paz, seguridad, convivencia y prosperidad frente a las mentiras, amenazas, agresiones y traiciones.

  • Reactivación económica creativa

A pesar de las dramáticas consecuencias económicas globales por las medidas impuestas por la pandemia y el drama humano que arrastró, el efecto inflacionario, de pobreza y de desajustes económicos, después de la estrepitosa contracción mundial de la producción y el comercio, y la aún no resuelta movilidad comercial, se observa el inicio del despegue económico en el que Nicaragua, a pesar de sufrir las consecuencias de las acciones que no dependen de ella, ha sorteado con reconocida sensatez sus circunstancias y potencializando su capacidad humana, productiva y natural, preservando con inteligencia y creatividad la estabilidad macroeconómica, evitado el incremento de la pobreza, recuperado parcialmente el empleo perdido y logrado el sorprendente crecimiento del PIB de al menos 8% en 2021, año de reactivación económica, después del impactando daño provocado por el fracaso golpista de 2018 –inhumano, antipatriótico y criminal-, articulado y azuzado por actores externos y cómplices internos que exacerbaron el odio desmedido con la falsedad virtual para pretender descarrilar el demostrable rumbo de prosperidad social y económica de la última década.

  • Institucionalidad democrática y popular

El país avanza desde la dinámica de sus procesos institucionales y sociales, desde su institucionalidad jurídica y política acorde a los intereses nacionales y al modelo propio, humanamente imperfecto, perfeccionable en el camino que emprende con autodeterminación.

Sandino, “El guerrero más querido de América”, del que el diplomático y escritor Salvador Calderón Ramírez (Ocotal, 1871 –  San Salvador, 1941) dijo: “Los ecos de su fama hacían vibrar su nombre en las más apartadas regiones de la tierra”, dijo: “El supremo ensueño es echar los cimientos de la verdadera conciencia social y política de Nicaragua”. He allí la obligación que compromete en un rumbo inalterable.

Elecciones, participación popular, organización social y gestión pública deben ser para fortalecer el desarrollo equitativo, la justicia social, la dignidad popular, la solidaridad y la inclusión, con deber cristiano, humanista y sostenible en la tierra común que es nuestra casa común, en la sociedad y en el tiempo que nos pertenece y en el que tenemos derecho a existir, vivir y crecer, junto a todos los pueblos del mundo estableciendo relaciones internacionales de cooperación, diálogo, respeto, autodeterminación y complementariedad.

No es la institucionalidad heredada del “estado de derecha”, ni la que conserva los privilegios excluyentes, oligarcas e injerencistas, sino una nueva que restituye derechos a los más vulnerables, que amplía el horizonte a quienes fueron expropiados de sus nombres por la procedencia circunstancial de origen, sin apellidos ni privilegios, que deben tener acceso a aprender, crear y cursar la universidad, que necesitan salud pública de calidad, que demandan seguridad social, trabajo, vivienda digna y puedan disfrutar de espacios comunitarios y recreativos para sus hijos y familia, que recuperen y fortalezcan el orgullo de su nacionalidad, que fortalezcan su identidad familiar, cultural, tradición y aspiraciones particulares y comunes para vivir en paz y disfrutar de la belleza y riqueza natural con la que esta nación, la más extensa de Centroamérica, la que los cronistas coloniales llamaron “el Paraíso de Mahoma”, ha sido bendecida, por el soberano bienestar que nos pertenece y que es nuestro bien común concreto y real.