El Sandinismo avanza hacia una nueva victoria el 7 de noviembre

La perpetua injerencia imperialista en Nicaragua y la pretensión de deslegitimizar las elecciones

El FSLN representa la defensa de la soberanía y la justicia social y el desarrollo de los pueblos

|Por: Miguel Ángel Bustamante, Diputado en el Congreso Español

Desde que Estados Unidos inició su carrera expansionista, apuntó hacia el sur de sus fronteras, es decir, hacia América Latina. Sabido es que México fue el primer país que sufrió tal expansión mediante compras forzadas a precios irrisorios, desposesión, tratados fraudulentos, invasión e intervención directa. El zarpazo se consumó en 1848. A este episodio, el poeta nicaragüense Rubén Darío, le llama la tragada de Texas. A partir de ahí, lo que hoy se conoce como imperialismo estadounidense continuó con un avance que no ha tenido fin.

De esta forma, se fue ejecutando una nueva cartografía del poder en este territorio y, en el mundo también. Quienes empezaron a manejar la política exterior estadounidense: sus estrategias, doctrinas y planes, identificaron a América Latina, no sólo como “zona natural de influencia”, sino como la región más importante en lo que a sus movimientos geopolíticos se refiere. Esta tesis fue corroborada, ya entrado el siglo XXI, por Samuel Huntington, quien continuó clasificando a América Latina y Centroamérica, de forma más circunscrita, como la zona de mayor importancia para la seguridad, expansión de mercado y obtención de recursos naturales para el imperialismo estadounidense.

Sandino contra el Imperio

No es en vano que una vez que engulle parte del territorio mexicano, sus siguientes pasos serán Centroamérica, cronológicamente hablando, y en particular, Nicaragua. Autores, tan reputados, como el argentino Gregorio Selser o el estadounidense Howard Zinn, corroborarán en sus estudios que este pequeño país, ubicado en el centro de Centroamérica, será, por diversas razones, circunstancias, excusas o pretextos, permanentemente vigilado e intervenido, desde todas las formas posibles por parte del imperialismo estadounidense.

Tanto es así, que podemos afirmar que Sandino y el pueblo nicaragüense, propinaron “la primera derrota militar al imperio estadounidense y rescató para los pueblos de América Latina y el Caribe, la moral necesaria para continuar la lucha desigual contra la potencia imperial” (Sergio Rodríguez Gelfenstein, Resumen Latinoamericano, 11 noviembre 2016).

Este es sólo un ejemplo de un sinnúmero de injerencias en Nicaragua de parte de los Estados Unidos, y cuando decimos injerencia debemos tomar en cuenta todas las formas que existen en cuanto a ello. La historia de este país, refleja hasta unas elecciones en las que “los Infantes de Marina llevaban las urnas electorales hasta Managua a lomo de mulas, en carretas de bueyes, en bueyes de carga, en aviones, barcos (a través de los lagos de Nicaragua y Managua), trenes, camiones y sobre los hombros”, tal como lo cita el diplomático Thomas J. Dodd. Cabe mencionar también otro episodio como aquel en el que el general estadounidense Smedley Darlington Butler llamó a Nicaragua la república de los Brown Brothers, en alusión a los banqueros estadounidense que en esa época tenían intervenido financieramente al país y, por cuyos intereses el general Butler, lo intervino militarmente.

Reagan contra la Revolución Sandinista

Otro hecho que conmovió al mundo fue, cuando en los años ochenta del siglo XX, tras del triunfo de la Revolución Sandinista, la administración Reagan, se valió de todo lo que estaba a su alcance para promover y financiar una cruenta guerra en Nicaragua que dejó diezmada la economía y el tejido social del país. Una vez finalizada la guerra y que el FSLN dejara el gobierno por la vía de unas elecciones, llevadas a cabo bajo una presión inaudita, la vigilancia continuó. El imperialismo consideraba inaceptable que el Sandinismo volviera a tener alguna opción viable de conquistar el poder en Nicaragua otra vez. Cuestión, última, que no ha podido evitar.

Con semejante inventario de intervenciones, injerencias e intromisiones es innegable la participación del imperialismo estadounidense, mediante sus agencias, institutos, organizaciones y sus aliados internos (oligarquías) en los distintos acontecimientos actuales que han estado dirigidos a socavar la Paz y la estabilidad que el Sandinismo ha promovido como política pública en el país, lo cual ha sido pilar fundamental en los tangibles logros sociales, económicos, políticos, culturales y ecológicos, reconocidos por organismos como el Foro Económico Mundial, UNESCO, PNUD, entre otros.

Es así que en la actualidad pretenden deslegitimar el proceso democrático electoral que se desarrolla en Nicaragua este domingo. No obstante, pese a esta campaña brutal, indiscriminada que ha llegado al extremo de promover ilegales y arbitrarias sanciones y que, sin pudor reaviva lo relativo a otras formas de agresiones, el Sandinismo, acompañado del pueblo, que es el sujeto incuestionable que lo legitima, avanza hacia una nueva victoria por la vía electoral este 7 de noviembre. No olvidemos, desde las distintas posiciones que podamos mantener en el conjunto de la izquierda, que en la lucha entre Imperialismo frente a la soberanía de los pueblos, el FSLN representa la defensa soberanía y la construcción de un nuevo modelo de relaciones, basadas en la justicia social y el desarrollo de los pueblos, en América Latina.